Debería callarme ya.
No solo coser mis labios, sino silenciarme completa. Cegar mis ojos, ensordecer mis oídos y cerrar mi imaginación.
Debería dejar de pensarte. Evitar que mi mente fuera vagabundo del recuerdo.
Me encuentro sin estar perdida con los brazos extendidos en habitual espera. Con sentidos abiertos en fecha insegura y cargados de esperanza.
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