Pasar semanas enteras y eternas, pero verlas pasar, no traspasar. Justo en medio de la nada, para que el sol haga su dolorosa labor.
Vale la pena. Vale cada centavo y cada colibrí. El punto de foco resulta hallarse precisamente frente a la sabrosa melancolía. Ahí donde es más cómoda la añoranza.
He muerto más veces de las que me he fortalecido y ciertamente, he vivido más veces de las que he fallecido.
Para esto se vive, para esto se tiene ojos y oídos.
Para esto, no para aquello. Sin cobrar recompensas.

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