Con cada vez que se me instala algo coherente y agradable para escribir, se me pierde entre memorias e ideas no asentadas. Tan fácil que te resulta notarlo y restarle valor al esfuerzo que hago por ocultar lo evidente, por tratar de hablar frente a ti.
Como cuando dices que te alejo la mirada y justo después sonríes, cuando soy una en palabras y una en letras, cuando tu presencia me quita elocuencia y me devuelve percepción entre todo tu increíble, maravilloso y delicioso porcentaje de conocimiento amarillo. Cuando eres tú, solo tú, sin matices de blancos y negros, en tu equilibrio. Cuando puedo verte a la distancia, en tu entera e interesante esencia llena de misterio, tan distintivo y nada discreto, en contra de tu propia opinión, es ahí donde se me termina la impaciencia.
Igual y me considero cáncer un rato, solo para rentar palabras sin que parezcan esfuerzo, con mucha espontaneidad, de esa que presumes no tener entre tus números y tus colores que me roban sueño.
Seguro tenía algo más que decirte, pero con mi memoria, ya debo haberlo olvidado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario